Son las tres de la mañana. Tienes los ojos abiertos y ves tu dormitorio: la puerta, la silla, la forma del armario. Intentas incorporarte y no pasa nada. Intentas gritar y no sale nada. Entonces te das cuenta de que hay alguien de pie en la puerta.
No hay nadie en la puerta. Pero durante unos segundos o unos minutos, todo lo que en ti decide qué es real va a insistir en lo contrario.
Lo que pasa de verdad
Cuando sueñas, el cerebro apaga casi todos tus músculos. Los médicos lo llaman atonía, y es el motivo por el que no representas tus sueños ni echas a correr contra la pared. Normalmente el interruptor vuelve a su sitio antes de que te enteres de nada.
En la parálisis del sueño falla el momento. Recuperas la conciencia al entrar o al salir de la fase REM, con la parálisis todavía puesta. Las imágenes del sueño pueden colarse también, y eso es lo que la hace tan convincente: tus ojos están mirando de verdad tu habitación de verdad, y el sueño se proyecta encima.
Los ojos y la respiración siguen funcionando todo el rato. Por eso la gente recuerda mirar por el cuarto sin poder levantar un dedo.
Tres tipos de visita
En 1999, el psicólogo J. Allan Cheyne y sus colegas clasificaron las alucinaciones en tres grupos:
- El intruso. Sensación de presencia y miedo, a menudo viendo u oyendo a alguien.
- El íncubo. Presión en el pecho, dificultad para respirar y a veces dolor.
- Sensaciones raras en el cuerpo. Flotar o sentir que sales de tu propio cuerpo.
Son compañeros de hace mucho. En Terranova está la Vieja Bruja (Old Hag), en Japón el kanashibari, y en México se dice «se me subió el muerto». En una encuesta mexicana, el 92,5 % de los adolescentes conocía la expresión. Y si miras La pesadilla, el cuadro de Füssli de 1781, con una criatura en cuclillas sobre el pecho de una mujer dormida, cuesta no reconocer el segundo grupo.
¿Es muy frecuente?
Las cifras más útiles son de una revisión de 2011 de Brian Sharpless y Jacques Barber, con 35 estudios y 36.533 personas. Dijeron haber tenido al menos un episodio en la vida:
- el 7,6 % de la población general
- el 28,3 % de los estudiantes
- el 31,9 % de los pacientes psiquiátricos
Se suele citar «más de uno de cada cuatro». Es correcto para los estudiantes, pero no equivale a una de cada cuatro personas. Para la población general se acerca más a una de cada trece. La frecuencia también varía muchísimo: hay quien lo vive una vez en la vida y quien lo vive cada noche.
Qué lo hace más probable
Tres cosas se repiten en los estudios y en la guía del NHS, el servicio de salud británico: dormir poco o con el sueño alterado, también por turnos o por el desfase horario; el estrés; y dormir boca arriba. El NHS aconseja dormir de siete a nueve horas, a horas regulares, y evitar dormir boca arriba.
Así que el plan más obvio, pasar la noche en vela para que no vuelva a ocurrir, es el peor posible.
Cuándo conviene ir al médico
El NHS la describe como algo que asusta, pero inofensivo, y la mayoría de la gente no necesita tratamiento. Conviene comentarlo con el médico si pasa a menudo, si te da miedo dormirte o si estás siempre cansado.
Lo que no pudimos confirmar
Internet está lleno de trucos para cortar un episodio, como concentrarse en mover un dedo del pie. No aparecían en ninguna de las fuentes de abajo. Eso no significa que no funcionen. Significa que no pudimos respaldarlos, así que no los recomendamos.
Lo que hemos leído
- Sharpless y Barber, Lifetime prevalence rates of sleep paralysis, Sleep Medicine Reviews, 2011
- Penn State, Psychologists chase down sleep demons, 2011
- NHS, Sleep paralysis
- Bhalerao y otros, Recent Insights Into Sleep Paralysis, Cureus, 2024
- Cleveland Clinic, Sleep Paralysis
- Cheyne, Rueffer y Newby-Clark, Hypnagogic and hypnopompic hallucinations during sleep paralysis, Consciousness and Cognition, 1999
- Cheyne, Situational factors affecting sleep paralysis, Journal of Sleep Research, 2002



