Solemos juzgar un mordisco por lo mal que se ve. La rabia de los murciélagos es el caso en que ese instinto puede matarte, porque la herida puede ser demasiado pequeña para encontrarla.
El caso
En 2026, la revista médica canadiense CMAJ publicó el caso de un niño de 11 años que se despertó con un murciélago en la cara. No había marcas de mordisco. La familia soltó al murciélago y no lo llevó al médico. Unas tres semanas después se le durmió la cara, y los síntomas neurológicos empeoraron deprisa. La rabia se confirmó a los cuatro días de ingresar en el hospital, y murió dos semanas más tarde.
No es un caso aislado. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. (CDC) documentaron otro parecido en Texas, en 2021: sin marcas visibles, sin vacuna y con muerte por rabia. Los CDC advierten de que los mordiscos de murciélago pueden ser diminutos, de que quizá no sepas que te han mordido y de que la mayoría de las personas que mueren de rabia en EE. UU. se expusieron a un murciélago rabioso.
Por qué el silencio es el problema
Después del mordisco, el virus se multiplica cerca de la herida, entra en un nervio y avanza hacia el cerebro y la médula. Mientras tanto no notas nada. La Organización Mundial de la Salud (OMS) sitúa la incubación habitual en dos o tres meses, y puede ir de una semana a un año. La del niño fue corta.
Otros dos datos hacen que esta etapa sea tan traicionera. No hay ninguna prueba aprobada por la OMS que detecte la infección antes de los síntomas, así que nada puede tranquilizarte ni avisarte. Y una vez que empiezan los síntomas, la rabia es mortal casi siempre.
Es decir, el único momento para actuar es ese tramo en el que parece que no pasa nada.
El miedo al agua y al aire
Los síntomas más conocidos son los de la llamada rabia furiosa. Intentar beber, o incluso que te ofrezcan bebida, puede desencadenar espasmos dolorosos en la garganta. Eso es la hidrofobia. La saliva se acumula porque no se puede tragar, lo que produce la espuma que todos conocemos por las películas, y esa saliva lleva el virus a la siguiente víctima.
Menos famosa es la aerofobia. Una corriente de aire en la cara puede provocar los mismos espasmos, y los médicos la han usado junto a la cama como signo clínico.
Hay dos matices que cuidamos: la aerofobia se describe más en la rabia transmitida por perros que por murciélagos, y aproximadamente uno de cada cinco casos es de la forma paralítica, sin hidrofobia. Así que estos síntomas pueden darse, pero no siempre.
La carrera que sí se puede ganar
La buena noticia es que el tratamiento después de la exposición funciona. Si llega a tiempo, la vacuna y el tratamiento que la acompaña paran el virus antes de que llegue al sistema nervioso central.
Así que la lección que nos gustaría que recordaras es concreta y práctica. Si has tenido contacto con un murciélago, sobre todo si te has despertado con uno en la habitación o lo has encontrado cerca de un niño dormido, no busques una herida para decidir si cuenta. La OMS aconseja lavar cualquier mordisco o arañazo con agua y jabón durante al menos 15 minutos, y conviene pedir consejo médico ese mismo día. El riesgo local cambia según el país, y un médico te dirá qué se aplica donde estás.
Dos ideas que no repetimos
Quizá hayas oído otras dos cosas sobre la rabia. Una es la velocidad a la que el virus sube por los nervios, porque las medidas varían demasiado para dar una sola cifra. La otra es la idea, muy atractiva, de que la hidrofobia es un truco del virus para concentrar la saliva de cara al siguiente mordisco. Es una historia redonda, pero no encontramos pruebas directas.
Lo que hemos leído
- CNN en KOLD, sobre el caso del niño publicado en CMAJ, 2026
- Organización Mundial de la Salud, Rabies
- CDC, Bats and rabies exposure
- CDC MMWR, Human Rabies: Texas, 2021
- British Medical Journal, 1975, sobre la aerofobia como signo clínico
- Salud Pública del condado de Los Ángeles, signos clínicos de la rabia



